A uno le gusta ahorrar, al otro le encanta soltar el dinero. El dinero es una de las causas más comunes de discusión en una pareja. Expertos en finanzas y psicólogos recomiendan hablar a menudo sobre cuáles deberían ser los gastos en común.

Todo puede comenzar con algo muy pequeño. En el restaurante Christian ordena una sopa, un filet de pescado como plato principal, un tiramisú de postre y un café para cerrar la velada. Con la comida, bebe tres cervezas con todo gusto. En cambio Anna se da por satisfecha con un plato de pasta vegetariana y le da sorbitos breves a un refresco durante toda la noche.

En realidad a ella también le gustaría pedir un café. Y un postre, por qué no. Pero desde que han tenido un hijo, el dinero no les queda tan cómodo. Ahora tienen únicamente su salario como ingreso y algo de ayuda estatal por tener un hijo, pero también hay que pagarle a la niñera para poder tener unas horas en paz en el restaurante.

Él parece querer mantener su estándar. Gasta mucho al salir a comer, y también para ver los partidos de fútbol de su equipo favorito, dice Anna. ¡Para eso trabajo!, dice Christian. El resultado: todos están de mal humor.

En realidad Christian y Anna podríamos ser nosotros. Es una discusión que se repite en muchísimas parejas. Astrid von Friesen, que trabaja como terapeuta en Alemania, conoce muy bien el tema. «El asunto del dinero suele estar emocionalmente muy cargado», apunta.

Cuando se generan discusiones, uno le reprocha al otro que gasta mucho más y los dos terminan frustrados. Sin embargo, el dinero no suele ser lo decisivo en esas discusiones. «Por lo general se trata de otros temas muy distintos», apunta von Friesen. «Puede que sea porque alguno de los dos se siente perjudicado o en inferioridad de condiciones», apunta la especialista.

A menudo las discusiones por dinero ponen de manifiesto que una de las partes de la pareja se siente relegada, por ejemplo, porque al otro sus hobbys le parecen muy importantes y entonces gasta mucho en eso. Cuando se dan ese tipo de conflictos, no queda más que hablar de ellos abiertamente, generar transparencia sobre las finanzas y establecer un plan sobre egresos e ingresos. Muchas veces, al no tener un panorama general sobre la situación, rápidamente una de las partes es siente perjudicada.

Consultamos al coach de finanzas Per Schippl y nos reveló su modelo para el éxito. Es una estructura de tres «fuentes»: en la primera fuente está el dinero para los gastos de todos los días, como los alimentos. En la «fuente de reserva» hay algo de dinero para el caso de que se produzcan gastos extraordinarios, como tener que comprar una lavadora o pagar unas vacaciones. Y en la tercera fuente están los ahorros.

Schippl recomienda que toda pareja abra su primera cuenta en común cuando comienza a convivir. «Debería estar claramente definido qué se paga de ese dinero y cuánto aporta cada uno por mes a ese fondo». Dejar bien en claro cuál es el destino de ese dinero desde el primer momento es el único modo de evitar peleas.

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El monto que aporta cada uno puede variar. «Si uno de los dos gana mucho más, suele pagar más», apunta Schippl. Lo único que importa es hablarlo claramente entre los dos. El coach de todos modos recomienda que cada persona siga teniendo su propia cuenta para pagar hobbys, comprarse prendas de vestir y demás.

Astrid Hastreiter, asesora, opina exactamente lo mismo. En su experiencia, el dinero de pronto se convierte en un problema cuando una pareja tiene hijos. En ese momento las parejas suelen caer en los roles tradicionales: la mujer se toma un tiempo de licencia o maternidad, y una vez pasado ese tiempo suele regresar al trabajo pero con una carga horaria menor. Eso le representa una disminución del ingreso.

Mientras tanto, el hombre continúa adelante con su carrera y, en muchos casos, gana cada vez más. En caso de una separación, la mujer se ve ante un problema. Comenzando porque le faltan años de aportes para la jubilación. «Si una de las partes se toma un tiempo de maternidad o paternidad al nacer el niño, también debería recibir algún tipo de compensación», opina Hastreiter. La pareja puede organizar por ejemplo aportes adicionales en una caja de jubilación privada o abrir algún tipo de caja de ahorro.

Fuente: http://www.abc.com.py